El cine colombiano, un cine sicaresco

Los colombianos en su mayoría, cuando viajamos a algún país extranjero (especialmente fuera de Latinoamérica), podemos ver la inequidad con la que se nos trata y en algunos casos el rechazo. Además de viajar con kilos de equipaje, viajamos con algo aún más pesado: el estigma de ser colombiano. ¿A qué me refiero con éste “estigma”? Muy sencillo. Si usted es colombiano y quiere viajar a los Estados Unidos, no hace falta pasar unos días en éste país para evidenciar esto, ya que desde que llega al aeropuerto se hace evidente. Cuando hace la fila para inmigración, se dará cuenta que la persona que lo entrevista le dará un trato diferente (muchas más preguntas por ejemplo), y muy seguramente su maleta será abierta y revuelta como si hubiera pasado un huracán.

Esto no tiene nada que ver con el nivel socioeconómico o con el nivel de educación que tengan ciertos colombianos, tiene que ver con una única cosa: su pasaporte y por ende, su nacionalidad. La misma nacionalidad del narcotraficante más peligroso que haya visto el mundo: Pablo Escobar. Pero hay que ser sensatos y aceptar que ésta reputación que nos persigue no es solo culpa de éste bandido (aunque si la mayoría). En mi opinión, desde que la industria literaria colombiana se dio cuenta que al escribir un libro amarillista y sensacionalista sobre narcotráfico, prostitución, violencia, sicariato etc, y podía ganar mucho dinero y mucha fama,  “el virus” se empezó a regar y surgieron de la nada una cantidad de escritores jóvenes en su mayoría que resultaron obteniendo best-sellers con sus obras.

Libros como Rosario Tijeras tuvieron un éxito contundente en Colombia y en muchos otros países, así como La virgen de los sicarios. Los productores y directores de la industria del cine se empezaron a dar cuenta que éste tipo de temas eran muy llamativos para el público y que podrían representar grandes ganancias. En el 2005 un productor de cine méxicano decidió hacer la adaptación del libro Rosario Tijeras para cine, y fue un total éxito no solo a nivel nacional. El total de asistentes al cine colombiano en el 2005 fue de 1’867.036 espectadores. Es decir que el cine colombiano con sólo 8 películas (en su mayoría de temas de violencia y narcotráfico), logró el 11.44% de los espectadores totales del año en el país.

“La producción contemporánea del cine colombiano está pensada en términos de mercado. Lo que decide como funciona el cine es precisamente su capacidad de exportación, las posibilidades de circulación de esos productos en un mercado internacional. El target es siempre internacional. Lo malo es cuando se intenta mostrar por medio de las producciones lo que es Colombia en la esfera internacional, haciendo un cine que tiene que ver mucho con el tráfico de droga y éstos temas. Lo que vende de Colombia es esto”, opina el profesor y estudioso en cultura Dedtmar Garcés. (ver entrevista completa)

Para Martha Gutierrez, profesora de La Universidad de La Sabana de la materia Cine de ficción y Documental, “Las películas colombianas como en cualquier otra parte del mundo, son producto de la sociedad. Todo arte incluyendo el cine debe mostrar lo que se vive en su lugar. Entonces de alguna manera lo que hace el cine colombiano de los últimos 20 años es mostrar el problema del narcotráfico, el cual vivimos día a día. Mostrar esta realidad no está mal, lo malo es cuando se cae en el cliché de mostrarlo continuamente”. (ver entrevista completa)

Gracias a ésta cantidad de producciones cinematográficas colombianas que apuntan siempre a los mismos temas, el entorno internacional se empezó a crear un concepto bastante exagerado y errático de lo que es Colombia y sus habitantes, hasta el punto de tener muchos problemas al querer sacar la visa de cualquier país. Estamos bombardeando al mundo con producciones y libros sobre temas muy violentos por lo tanto eso es lo que les está quedando en su cabeza. Muchas de éstas producciones son muy buenas técnicamente hablando y muy interesantes, cabe mencionar, pero no hay necesidad de recurrir constantemente a lo mismo.

Tres de las películas más taquilleras (Rosario Tijeras, Paraíso Travel y Satanás) fueron adaptaciones de libros exitosos y Soñar No Cuesta Nada utilizó un evento muy publicitado de la vida real para lograr captar al público. La fuerza promocional de los canales de televisión, RCN y Caracol, lograron colocar varias películas bien escogidas por encima de los 400.000 espectadores, pero en otros casos como los de La Ministra InmoralEl Angel del Acordeón, Te amo, Ana Elisa y Los actores del conflicto ni siquiera ese apoyo sirvió para impulsar películas que no eran del gusto del público.

Colombia tiene muy buenos guionistas y hasta el momento hay muchas películas exitosas que no tuvieron que recurrir a la violencia para alcanzarlo. Es muy importante que nos empecemos a dar cuenta que somos mucho más que lo que mostramos, que poco a poco hemos salido del abismo de la guerra eterna y el narcotráfico que se disparó en los años 80’s y 90’s con Pablo Escobar. Somos capaces de producir grandes películas que muestren la riqueza que poseemos no solo a nivel territorial, sino a nivel cultural, para así empezar a cambiar ese imaginario colectivo incrustado en el acervo popular del ambiente internacional.

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